El aroma del capitalismo

Lejos de nuestra cómoda burbuja hay un mundo hostil y cruel de cuya existencia somos mas o menos conscientes. Cuando nos salpica esta cruda verdad y nos sentimos un poco impotentes al no poder hacerle frente, tomamos algunas medidas para ayudar a los que más lo necesitan. Gestos como donar ropa a la parroquia, comprar productos de comercio justo o darle dinero a algún mendigo parecen ser pequeñas ayudas que pueden mejorar la situación de los más necesitados. Sin embargo, detrás de estos gestos de empatía y humanidad se encuentra un desesperado intento de aliviar el malestar que nos produce una sociedad tan injusta donde, mientras unos disfrutan de un aperitivo en una terraza una mañana soleada, otros se ahogan intentando huir de una guerra. La ética capitalista se ha aprovechado de esta necesidad y la ha convertido en otra herramienta más del capitalismo. Se nos ha vendido el capitalismo como un sistema compatible con el ecologismo y causante de riqueza, cuando la verdad es que son cosas completamente incompatibles. El capitalismo genera desigualdad económica y social, además de evitar el avance de los países subdesarrollados ya que su economía depende de los desarrollados. Se plantea una alternativa al sistema capitalista: el comunismo.
El pensamiento moderno contemporáneo debe mucho al pensamiento del siglo XIX. Las ideas del cristianismo siguen influyendo en la actualidad nuestras ideas acerca de la Naturaleza, cuya visión no es otra que la Naturaleza como madre, madre que debemos proteger de nuestras propias acciones. El calentamiento global es un hecho al que no podemos seguir dándole la espalda. Según recientes análisis, el aumento excesivo de temperatura que señala el comienzo del calentamiento global se dio entre los años 40 y los 60. Aparece entonces el ecologismo liberal, propuesta de manera religiosa. Consiste en hacernos sentir culpables en vez de darnos una solución real y científica sobre la que poder trabajar. La verdadera y única realidad es que quién está amenazado no es la Naturaleza, si no nosotros: la Naturaleza seguirá cuando nos extingamos. En vez de tomar decisiones racionales aplicamos medidas para sentirnos bien: esta es una solución ideológica y base de la ética capitalista. La realidad es que el capitalismo y el ecologismo no pueden ser compatibles. El sistema capitalista está basado en la explotación, transformación, consumo y desecho de recursos naturales limitados. Vende la posibilidad de un crecimiento ilimitado, pero esto es claramente imposible ya que los recursos del planeta son limitados. Esta explotación de recursos y riquezas del planeta supone el deterioro de este último e implica su contaminación. El capitalismo y el ecologismo chocan en la generación de residuos por parte del sistema capitalista, residuos que son imposibles de eliminar sin dañar el equilibrio de los ecosistemas. Estos residuos desembocan en los países subdesarrollados, que son el sustento de los más desarrollados. Los países desarrollados importan los recursos desde otros países provocando, entre otras muchas cosas, contaminación, destrucción del patrimonio natural, pobreza, migraciones forzosas, esclavitud de la mano de obra y dependencia económica de los países más ricos. El modelo económico capitalista y las empresas transnacionales son los responsables de las desigualdades entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo, y por ende se tiene que la economía del tercer mundo es dependiente del primero. Podemos por lo tanto observar las dos caras del capitalismo: por un lado, la explotación de manera totalmente insostenible y miserable de recursos y de personas, y por otro lado, el enriquecimiento de los países desarrollados a partir de las citadas injusticias: países donde se establece una sociedad basada en el consumismo extremo y en los intereses económicos de unos pocos. Si hay algo que tienen en común ambas partes es la desigualdad social que genera el dicho sistema.
La ética capitalista consiste en liberarnos del sentimiento de culpabilidad que nos causa este sistema. Como hemos dicho anteriormente, esto no establece una solución real para acabar con el problema, sino que simplemente sirve para tranquilizar la conciencia del consumista. Para el individuo es muy difícil vivir en una sociedad tan injusta. El comercio justo y la caridad no ayudan a eliminar la pobreza, pero si alivian la preocupación del consumista medio de la sociedad capitalista. Pero, ¿en qué consiste exactamente el comercio justo? El comercio justo no es más que una forma de marketing para no hacernos sentir tan mal respecto a como funciona el mundo. Todo el mundo acaba cayendo en la trampa del comercio justo, cuya realidad esconde una falsa ayuda, un velo que cubre la injusticia social presente en el sistema. Detrás de la máscara del comercio justo solo se esconde el interés del propio consumista: no sentirse tan mal por no combatir el sistema pese a ser consciente de la opresión de unos pocos frente a grandes masas. Slavoj Žižek, filósofo, sociólogo y psicoanalista del siglo actual nos pone el ejemplo de la famosa cadena de café llamada Starbucks. En Starbucks podemos consumir, entre otros apetecibles productos, un café por 3 € o 4 €, precio que duplica o incluso triplica el precio de un café normal en cualquier cafetería. ¿A que se debe esta diferencia de precio? Starbucks nos ofrece la oportunidad de calmar nuestro remordimiento: con la compra de ese café, por ejemplo, ayudamos a construir una escuela en un país olvidado de África o garantizamos que un porcentaje (un porcentaje miserable) de ese dinero vaya a los bolsillos de algún cultivador de cacao. Esto no deja de ser una forma de caridad. Oscar Wilde, escritor irlandés, ya escribió una critica a la caridad durante el siglo XIX: “Tratan de resolver el problema de la pobreza, por ejemplo, manteniendo vivos a los pobres o, como hace una escuela muy avanzada, divirtiendo a los pobres. Pero ésta no es una solución, agrava la dificultad. El objetivo adecuado es tratar de reconstruir la sociedad sobre una base tal que la pobreza resulte imposible. Y las virtudes altruistas realmente han evitado llevar a cabo este objetivo. Así como los peores dueños fueron los que trataron con bondad a sus esclavos, evitando de este modo que los que sufrían el sistema tomaran conciencia del horror, y los que observaban lo comprendiesen, igual sucede con el estado actual de cosas en Inglaterra, donde la gente que hace más daño es la que trata de hacer más bien (…) la caridad degrada y desmoraliza.” En resumen, la caridad consigue que los que deberían protestar se conformen con sobrevivir, alimentando la desigualdad y apoyando de manera indirecta el sistema. La caridad es el capitalismo con rostro humano. Por lo tanto, cuando compramos un café en Starbucks o cualquier producto de comercio justo lo que estamos comprando realmente es ideología: la ideología del capitalismo que ha logrado incluir en ella las ideas anticapitalistas. Es sin duda, el método de consumición definitivo. Lo que Starbucks te permite hacer es ser un consumista sin ninguna mala conciencia porque el precio que pagas para contrarrestar,para luchar contra ese consumismo, ya está incluido en el precio del propio café. Al pagar no solo cumples tu papel como consumista si no también cumples tu deber con el medioambiente, con la gente que se muere de hambre en los paises de África etc. No es más que una experiencia simulada ya que no hemos hecho absolutamente nada. La solución no reside en el comercio justo si no en establecer un sistema que elimine la explotación laboral y garantice los derechos de los trabajadores, es decir, no sirve con conformarse con que el cultivador de cacao mexicano gane dos pesos más gracias al comercio justo ya que sus condiciones salariales y de trabajo siguen siendo injustas. Se trata de establecer, como dijo Oscar Wilde, una sociedad sobre una base tal que la pobreza resulte imposible, es decir, un sistema que garantice y defienda la igualdad. También añade: “Es inmoral usar la propiedad privada a fin de aliviar los terribles males que resultan de la misma institución de la propiedad privada.“ La propiedad privada no se puede solucionar con la propiedad privada. En el capitalismo los medios de producción pertenecen a la propiedad privada, es decir, los propietarios de dichos medios de producción son personas que tienen determinada cantidad de dinero que les permite acceder a ellos. Es un modo de producción que necesita mano de obra para poder producir: los obreros. Existe una relación de interés entre el obrero y el burgués: Los obreros venden su fuerza de trabajo, que es la única propiedad que tienen, a cambio de un salario, como única manera de conseguir los medios necesarios para su subsistencia. Por lo tanto, este sistema explota la fuerza de trabajo del hombre, ya que constituye el trabajo como una mercancía más. Esto es lo que contradice al mismo capitalismo, porque los medios de trabajo son colectivos, mientras que la riqueza es privada. Para empezar, se parte de una desigualdad económica ya que, quién posea determinadas rentas podrá comprar los medios de producción. Karl Marx, filósofo e intelectual alemán, planteó durante el siglo XIX una critica al capitalismo y propuso un sistema alternativo basado en la abolición de la propiedad privada de los medios de
producción: el comunismo. Karl Marx y Engels nos hablan de dos clases sociales: los que poseen los medios de producción y los que no. Denominamos socialismo a la fase de transición al comunismo que consiste abolir la propiedad privada. Hay que aclarar, que al hablar de abolición de la propiedad privada no se refiere a la propiedad “personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad que forma la base de toda la libertad, actividad e independencia individual.” Tampoco se refiere a la propiedad del artesano pequeño-burgués ni del pequeño campesino, que aún sobreviven compitiendo con las fábricas y los latifundios, porque precisamente esa pequeña propiedad ha sido abolida por la moderna burguesía industrial casi en su totalidad. La propiedad privada que tiene que abolir la Revolución Comunista es la propiedad de la burguesía moderna que únicamente acrecienta el Capital a través del trabajo asalariado. “Lo que crea es capital, es decir la propiedad que explota al trabajo asalariado y que no puede acrecentarse sino a condición de producir nuevo trabajo asalariado para volver a explotarlo.” Por lo tanto, el trabajo del obrero consiste en enriquecer el Capital y al burgués que le explota. Pero, ¿en qué consiste exactamente la abolición de la propiedad privada? Consiste en que las tierras, la maquinaria y demás, pertenezcan a los proletarios que la trabajan, no al señor que la posee para que otros la trabajen. De esta manera, según el marxismo, al eliminar la propiedad privada sobre los medios de producción se acaba con la explotación laboral heredada del modelo capitalista y se suprime por lo tanto las clases sociales y el Estado, llegando a lo que denominamos comunismo. El comunismo, por lo tanto, es una opción frente al capitalismo que soluciona el problema de la desigualdad social y económica generada por la propiedad privada de los medios de producción. Sin embargo, mientras que es evidente que el capitalismo y ecologismo son incompatibles, con el comunismo no queda tan claro. En mi opinión, un sistema económico y político justo debe defender los derechos de los individuos, su libertad y asegurar la igualdad, además de ir enlazado con el ecologismo, es decir, debemos ser conscientes de que los recursos son limitados. Es imposible que exista el equilibrio en el mundo mientras predomine el modelo capitalista ya que no solo crea desigualdad en el Primer Mundo si no hace que la economía del Tercer Mundo dependa de este. Dichos países no se desarrollaran nunca mientras predomine el capitalismo porque no interesa que eso pase ya que, supondría la pérdida de mano de obra barata y explotación de valiosas materias primas, disminución de los beneficios del comercio de hidrocarburos y el negocio de armas, entre otras cosas. Sin duda, la ética capitalista no es mas que un dulce aroma que cubre el terrible hedor de un sistema podrido.

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