Los jóvenes están tristes

Competitividad e individualismo. Éxito y fracaso. Son todas ellas son características de la sociedad en la que vivimos. Una preocupante alarma social se dispara: una gran parte de la población sufre problemas mentales como depresión, estrés y ansiedad. Vivimos en un mundo deprimente y establecer contacto con la realidad a veces duele. Alcohol y pastillas, los mejores aliados para escapar de ella. La cifra de jóvenes afectados aumenta cada año y las medidas que se llevan a cabo no solucionan este problema. Los jóvenes están tristes y se debe al sistema en el que vivimos: desde la educación, pasando por las presiones sociales, hasta el ámbito laboral.
Tristeza y melancolía: dos sentimientos presentes en algún momento de la vida de todas las personas, al igual que la alegría y el placer. Estos sentimientos no son en sí patológicos, pero en algunas ocasiones pueden llegar a serlo. Cuando el estado de ánimo de una persona en un determinado momento de su vida sufre sentimientos prolongados de tristeza o síntomas relacionados que afectan a su capacidad para relacionarse con otros, trabajar o afrontar el día, la tristeza se convierte en una enfermedad. Hablamos entonces de la depresión, un conjunto de trastornos que afectan a millones de individuos en el mundo.
La depresión puede ser endógena, es decir, fallo en la química del cerebro, o exógena, que es el caso de la mayor parte de las depresiones, que tiene causas externas.
Las estadísticas muestran que la depresión es un trastorno que tiene más incidencia en las mujeres que en los hombres. Sobre el 21% de las mujeres sufren alguna vez un episodio depresivo mientras que los hombres sólo un 8%. La depresión puede afectar a cualquier edad y dependiendo de ella el individuo mostrará unos síntomas u otros. Los niños, por ejemplo, sufren ansiedad, apego a una figura adulta y miedo de la muerte de sus padres entre otros.

Un rasgo común en las personas depresivas es que no culpan a nadie en particular salvo a si mimas. Se sienten culpables del mal que les rodea, su depresión es fruto de un pensamiento falso. Otros síntomas son el insomnio o hipersomnio, fatiga o pérdida de energía casi cada día,problemas de concentración o toma de decisiones, ideas recurrentes de muerte o suicidio…

Pero, ¿cuál es el origen de la depresión? Según la teoría ego psicología, el ego advierte que es incapaz de cumplir las aspiraciones que pensaba y el individuo cae en la frustración. La depresión por lo tanto puede se produce como una reacción frente a la frustración. En las personas, la frustración interna puede surgir del conflicto y también puede ser una fuente interna de la frustración, cuando uno tiene objetivos contrapuestos que interfieran unos con otros, puede crear una disonancia cognitiva. Las causas externas de la frustración implican condiciones fuera de un individuo, como un camino bloqueado o una tarea difícil. Mientras que hacer frente a la frustración, algunas personas pueden participar en el comportamiento pasivo-agresivo, lo que hace difícil identificar las causas originales de su frustración, ya que las respuestas son indirectas. Una respuesta más directa, y común, es una propensión a la agresión.

Algo está pasando para que gran parte de los individuos del lado “feliz” del mundo se esté medicando para poder hacerle frente a la vida. Vivimos en una sociedad competitiva e individualista donde los individuos son educados para ser egoístas y estúpidos, en una sociedad enferma. Hablamos de sociedades enfermas cuando inducen trastornos mentales. Así, por ejemplo, nuestra sociedad es una fuente constante de estrés, por el ritmo de vida, la presión social y la burocratización, que ha llevado a un aumento de los trastornos de ansiedad.

En España, en el ámbito laboral, una gran parte de los trabajadores tienen jornadas demasiado largas, sueldos demasiado bajos y apenas tiempo para sí mismos. En este sentido las mujeres cargan con más peso: además de su compromiso laboral mantienen uno familiar muy fuerte (recordemos que el 21% de las mujeres sufrían episodios depresivos a lo largo de su vida).

Por otro lado están las presiones sociales, que suelen estar enfocadas hacia los más jóvenes. Desde pequeños estamos expuestos al peligro de los estereotipos y cánones de belleza. Muchos niños y niñas se alejan poco a poco de la infancia al ser castigados con las presiones sociales tanto en su aspecto físico como por los roles que deben de adoptar, presiones que se mantienen durante la adolescencia y futuro. Esto mantiene una evidente relación con el aumento del acoso escolar durante estos últimos años en España (7/10 niños han experimentado alguna vez abusos) y con los trastornos alimenticios (Dismorfia muscular, anorexia,bulimia…)

Este ambiente de ansiedad y estrés es cuna de jóvenes, de jóvenes tristes. Debemos prestarle especial atención a la educación. Como hemos dicho anteriormente, vivimos en una sociedad individualista y competitiva. Desde la dimensión personal y social, vivimos en una sociedad donde prevalece el “vivir al día” y satisfacer aquello que nos permite alcanzar la felicidad personal, concepto éste, el de felicidad, interpretado a menudo de forma física y hedonista y, en consecuencia, muchas veces consumista. De todas formas, el ideal de felicidad personal también lleva asociado otro nuevo contenido: el de conceder una importancia fundamental a la consecución de la propia realización personal. Somos criados para ser más individualistas, lo particular y lo personal adquiere mayor importancia que lo compartido o colectivo y, por lo tanto, disminuye la solidaridad. La desconfianza en “el otro” es otro rasgo característico que contribuye a reforzar la reclusión en lo privado, ejerciendo la capacidad de colaboración con lo propio y negándolo con lo ajeno: detrás de toda acción hay intereses personales.

El ambiente de competitividad se respira en muchas aulas y una nueva presión social se sitúa en los hombros de los jóvenes: no fracasar. Encontramos en internet definiciones como “Resultado adverso en una cosa que se esperaba sucediese bien.”, “malogro o resultado adverso de una empresa o negocio” o la más significativa: “Fracaso es lo contrario del éxito o triunfo”. Éxito y triunfo son palabras clave en nuestra sociedad y se alimentan del deseo de superación y de sobresalir por encima del resto. Cuando el individuo no encaja en el perfil de “triunfador” es castigado por la sociedad. Un claro ejemplo es el modelo educativo: los “malos” estudiantes son apartados en numerosas ocasiones. Las notas no dejan de ser números que miden la adaptación escolar de cada uno, sin embargo, esto afecta a numerosos jóvenes estudiantes que se ven frustrados, ya sea porque no ven resultados, porque ven en el estudio una pérdida de tiempo o simplemente han asumido erróneamente que no sirven o que no están a la altura del nivel exigido. La línea que divide el fracaso del éxito establecida por la sociedad es grabada a fuego en nuestra mente.

Crisis de ansiedad, estrés, depresión… son terribles consecuencias de un modelo de educación que acosa a los jóvenes, pero después de todo no deja de ser una preparatoria para el crudo mundo exterior que los espera.

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