<<Te pondré alguna excusa y te irás. Es lo que pasa siempre. No puedes obligar a nadie a quererte, pero tampoco puedes obligar a alguien a no hacerlo. No hay un equilibrio, Paco. Nunca lo hay. El equilibrio mata al individuo. No busques el equilibrio. Y tampoco me busques a mi. Hay mil personas mejores que yo, pero también hay mil personas mejores que tú. Que no se te olvide.>>

Paco Ojerás sintió que se le partía el corazón. No, Paco. Eso que ha sonado ha sido tu orgullo. Tu orgullo y el nudo al que llaman autoestima. Llora, Paco. Llora y echa a volar antes de ahogarte en tu propia compasión.

María Judías le miró por última vez y se fue.

Paco Ojeras

Paco Ojeras se siente tan absurdo como el mundo.  Se ve a si mismo como un monstruo idiota y retorcido.  Paco Ojeras es un mal día, un error. El único culpable de ese último adiós.  Hoy se ha levantado con la cara al revés,  ¿o tal vez fue ayer? Paco Ojeras no duerme.  Quiere cerrar los ojos y soñar,  que se le quite la ansiedad. Es un idiota que cuando lo tiene no lo quiere y que quiere cuando le conviene. Paco Ojeras es más de montaña que de mar pero le encanta meter los pies en el agua y el sabor de la sal. Le gusta subir pero el mundo le suele bajar. Le encanta correr pero le hacen reptar.

Ay Paco. ¿A dónde vas con las cejas despeinadas y la cabeza echa un nudo? ¿Por qué hablas si tienes la garganta echa un lío?

Paco Ojeras es ponerle nombres absurdos a los sentimientos.